Carlos V tuvo una hija ilegítima con su abuelastra

Según cuentan las crónicas, Fernando de Aragón, el rey Católico, sintiendo muy próxima la muerte, escribió una última carta a su nieto Carlos de Habsburgo, futuro rey de España y Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, en la que le encomienda a su viuda, Germana de Foix (1488-1538), “pues no le queda, después de Dios, otro remedio sino sólo vos”. El joven Carlos, que no llegaba a la veintena aún, tomó al pie de la letra las palabras de su abuelo y, poco después de arribar a tierras españolas, comenzó una apasionada relación amorosa con su abuelastra, que era, en ese momento, una mujer de veintinueve años de muy buen ver. 

El primer encuentro entre la viuda y el nieto del difunto Fernando “el Católico” sucedió a principios del año 1518, en Valladolid, mientras se celebraban las primeras Cortes castellanas convocadas por el de Habsburgo. Carlos no tardó en descubrir los encantos de Germana y comenzó a organizar fiestas y banquetes en su honor, surgiendo rápidamente una estrecha amistad entre ambos.


La atracción se volvió cada vez más fuerte, y terminaron enamorándose. Y el amor, como suele ocurrir, les llevó a la cama. Sus reuniones íntimas se repetían con tanta asiduidad, que se llegó a construir, según narra el cronista flamenco de la época Laurent Vital, un puente que comunicaba el Palacio Real con la residencia de Germana de Foix, cuya finalidad fue la de facilitar el paso de un lugar a otro y, además, evitar un mayor número de ojos indiscretos. Tal pasión desenfrenada no tardó en dar sus frutos, y nueve meses después nació una niña a la que llamaron Isabel, de la que apenas se sabe nada.

Aunque, si tenemos en cuenta que Carlos V nunca reconoció su paternidad, no es de extrañar que el circulo próximo al emperador eliminara cualquier tipo de documento o información que pudiera relacionar a la niña con su verdadero padre. Si algo conocemos de Isabel se lo debemos al testamento de Germana de Foix, en el que indicó que se entregara un collar de ciento treinta y tres perlas a una tal Isabel, que era infanta de España e hija del emperador: “Ittem, llegamos (sic) y dexamos aquel hilo de perlas gruessas de nuestra persona, que es el mejor que tenemos, en el qual ay Çiento y treynta (sic) tres perlas, a la sereníssima doña Ysabel, Ynfanta de Castilla, hija de la Mat. del Emperador, mi señor e hijo, y esto por el sobrado amor que tenemos a Su Alteza”. 

Además, el propio viudo de Germana, Don Fernando, el duque de Calabria, envió una carta a Isabel de Portugal, esposa de Carlos I, donde añade que la hija ilegítima del emperador también lo es de su difunta mujer.
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