La última ejecución por herejía en España

A pesar de que el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición fue eliminado el 4 de Diciembre de 1808 por Napoleón Bonaparte mediante los Decretos de Chamartín (tales decretos se aplicaron únicamente a la España tomada bajo el poder francés), unos años más tarde, por las Cortes de Cádiz a comienzos de 1813 (resolución que actuó sobre la España “patriota”), el regreso de Fernando VII al trono en 1814 supuso la restauración del tribunal inquisidor, al derogar cualquier ley que hubiera salido de las cortes, y es a partir del fin del Trienio Liberal entre 1820-1823 (periodo en el que volvió a estar en vigor la Constitución de Cádiz “La Pepa”) cuando el monarca decide dar un “lavado de cara” a la longeva institución eclesiástica, y la sustituye por las llamadas Juntas de Fe. 

La diócesis de Valencia, entre otras, decidió adoptar el nuevo tribunal católico, albergando una de las juntas más activas en defensa de los valores cristianos, y ganándose el triste honor de ser la responsable de la última muerte por herejía en España. La víctima, en cuestión, se llamaba Cayetano Ripoll (1778-1826), un profesor de escuela del antiguo municipio de Ruzafa (actualmente un barrio integrado en pleno centro de la ciudad de Valencia), que fue acusado de masón y deísta (doctrina que reconoce un dios como creador de la naturaleza, pero que no admite realizar culto sobre él), y sentenciado a morir en la hoguera por “hereje contumaz”. 


El arzobispo de Valencia dijo sobre él: “No creía en Jesucristo, en el misterio de la Trinidad, en el de la Encarnación del Hijo de Dios, en el de la Sagrada Eucaristía, ni en el de la virginidad de María Santísima, […], impedía a los niños que dijesen 'Ave María Purísima' y que hiciesen la señal de la cruz, que no era necesario oír misa para salvarse...”. 

La ejecución se llevó a cabo el 31 de Julio de 1826, siendo finalmente ahorcado, y no quemado, aunque su cuerpo fue depositado en un tonel decorado con ardientes llamas, que simulaban el fuego eterno. El asesinato por hereje del maestro Ripoll resultó un escándalo en toda Europa, pero en España pasó bastante desapercibido gracias a la censura de aquel momento.
El 15 de julio de 1834, María Cristina de Borbón Dos-Sicilias, reina regente durante la minoría de edad de Isabel II, firmó un real decreto por el que quedaba abolido definitivamente el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición y sus derivados (Juntas de la Fe).
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