El cuadro de Felipe V cuelga boca abajo en el museo de Xàtiva

La muerte sin descendencia de Carlos II “el Hechizado” (1661-1700) puso fin a doscientos años de reinado de la Casa de Austria en nuestro país y dio comienzo a la Guerra de Sucesión Española, que se resolvió con el Tratado de Utrecht en 1713. 

Aunque Carlos II nombró heredero de todos sus reinos y dominios al duque de Anjou, Felipe de Borbón, nieto del todopoderoso rey francés Luís XIV y de María Teresa de Austria -hija de Felipe IV-, el otro candidato a sucederle, el archiduque Carlos de Austria, hijo de Leopoldo I, Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, no aceptó tal designación y declaró la guerra a España y Francia, aliándose con otras potencias europeas (Inglaterra, Países Bajos, etc.), que no veían con buenos ojos la unión de dos fuerzas tan inmensas. 


En un primer momento, la lucha transcurrió favorable al archiduque Carlos, que contaba con el apoyo de la inmensa mayoría de los territorios de la Corona de Aragón, hasta el 25 de Abril de 1707, cuando las tropas de Felipe V, dirigidas por el duque de Berwick, aplastaron al ejercito austricista en la Batalla de Almansa -en la actual provincia de Albacete-, dando paso a la conquista del reino de Valencia. “Quan el mal ve de Almansa, a tots alcança” (Cuando el mal viene de Almansa, a todos alcanza). 

Acto seguido, las huestes borbónicas se lanzaron contra Xàtiva, la segunda ciudad en importancia de Valencia en aquella época, que se negó a capitular y opuso una feroz resistencia durante unas semanas, hasta rendirse a principios de Junio de 1707. El castigo a tal brutal oposición buscó ser ejemplarizante, y, el día diecinueve de ese mismo mes, Felipe V ordenó quemar Xàtiva y borrar su rastro en la historia, llegando incluso a cambiarle el nombre por el de San Felipe. Un siglo después, la población volvió a recuperar su denominación original. 

El odio y desprecio generado a causa de las atrocidades cometidas por orden de Felipe V caló en lo más profundo de los habitantes de Xàtiva, y es a mediados del siglo XX, en plena dictadura franquista, cuando se cree que Carlos Sarthou, cronista de la ciudad y director de su museo, tuvo la idea de poner boca abajo el cuadro de Felipe V, realizado por Josep Amorós en 1719, demandando que se mantuviera en esa posición hasta que un descendiente del monarca fuera a pedir perdón. 
Este retrato se conserva actualmente en el Museo de l'Almodí de Xàtiva, y se ha convertido en uno de los símbolos de la ciudad.
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