La leyenda del abad que durmió durante trescientos años

San Virila, la leyenda del abad que durmió durante trescientos años. Tomando como referencia las Cantigas de Santa María de Alfonso X “el Sabio” (siglo XIII) -exactamente la cantiga número 103-, se sabe del relato de un monje que pidió conocer el gozo del Paraíso a Santa María, y ésta, obrando un gran milagro, le envió un avecilla de canto celestial, que, con su maravilloso son, sumió al religioso en un placentero letargo de trescientos años (“Como Santa Maria feze estar o monge trezentos anos ao canto da passara, porque lle pedia que lle mostrasse qual era o ben que avian os que eran en Paraiso”). 


Al despertar, creyendo que sólo habían transcurrido unos minutos u horas, regresó al monasterio -bastante diferente al que dejó en su partida-, produciéndose un momento de tremenda confusión, ya que los frailes que allí se encontraban no conocían a aquel desubicado monje y él mismo no era capaz de identificar a ninguno de sus compañeros (“Des i entrou na eigreja, e ouveron gran pavor os monges quando o viron...”). Tras cerciorarse de la veracidad de tal fantástico hecho, la comunidad del cenobio acogió al nuevo visitante y dio gracias a Dios por su grandeza.

Prácticamente la misma historia se narra en el Libro de los Exemplos por A.B.C. (siglo XV) del Arcediano de Valderas (León), Clemente Sánchez de Vercial, aunque variando en los años del trance: “Dizen que un monje estando pensando quál podría ser gozo sin enojo, fuele embiada una avezilla del paraísso que cantava muy dulcemente e fuese en pos d'ella fuera de la abadía. E estando pensando en las cosas celestiales e oyendo los cantos de aquella avezilla, estudo en el monte por dozientos años. E boló el avezilla e fallose fuera del monesterio e quando tornó non lo querían recebir ca non lo conocían”.

La leyenda la completan otros escritos, los cuales nombran a San Virila como el abad perdido durante trescientos años, y añaden que Dios habló dentro del monasterio para corroborar la historia del abad Virila y envió, de nuevo, al avecilla, para que colocara un anillo en el dedo del santo.

Todo mito tiene su parte de verdad, y, aunque no se conserven textos que hablen propiamente de la vida del abad Virila, existe un documento incluido en el folio 71 v. del Libro Gótico de San Juan de la Peña que indica la demarcación de los límites territoriales entre las poblaciones de Benasa y Catamesas -año 928-, donde se menciona al abad del Monasterio de Leyre (Navarra), Don Virila, como testigo de la firma.
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