Pedro III de Aragón se teñía de rubio

Pedro III el Grande (1240-1285) o Pere el Gran, hijo del rey “conquistador” Jaime I, encontró repentinamente la muerte cuando se disponía a partir hacia Mallorca, en noviembre de 1285, para castigar a su hermano Jaime, soberano de aquel reino, que le había traicionado miserablemente al aliarse con el rey de Francia, la familia de los Anjou y el papado -el papa Martín IV llegó a excomulgar a Pedro III, declaró vacante el trono de la corona aragonesa e instigó una cruzada contra él- en oposición a los intereses de Aragón. 


Tal y como señaló en su testamento, Pedro el Grande fue enterrado en el monasterio cisterciense de Santa María de Santes Creus, situado en la localidad tarraconense de Aiguamúrcia, manteniéndose intactos sus restos mortales -este es un caso excepcional puesto que era bastante habitual la profanación de las tumbas de los reyes- hasta 2009, coincidiendo con el 850 aniversario del cenobio, cuando un equipo de investigadores del Museo de Historia de Cataluña descubrieron el cuerpo, y le sometieron a diferentes pruebas para revelar la causa de su muerte y sus características físicas. 

El resultado del estudio determinó que Pedro III podría medir más de 1,75 metros, que su cara era alargada y que “sufrió una enfermedad infecciosa pulmonar, seguramente una tuberculosis, pero no necesariamente fue la causa de su muerte”, según las palabras de Marina Miquel -coordinadora del proyecto-. Aunque lo más sorprendente lo ofreció el análisis químico, que detectó “la presencia en los restos de la barba del rey de Apigenina Genisteina, un producto procedente de la retama y utilizado históricamente para teñir de rubio los cabellos”. 

La misma sustancia se encontró en el pelo de Blanca de Anjou, esposa de Jaime II el Justo -hijo de Pedro III-, indicando que nuera y suegro compartían la afición de teñirse de rubio. Además, en la cara de la reina se halló restos de ácido carmítico, que podría haberse usado como maquillaje.
Siguiente
« Prev Post
Previa
Next Post »