Alfonso VII el Emperador falleció por agotamiento

Alfonso Raimúndez (1105-1157), hijo de la reina Urraca de León y del conde Raimundo de Borgoña, e hijastro de Alfonso I el Batallador -monarca de Aragón-, fue coronado como rey de Galicia el 17 de Septiembre de 1111 por el obispo de Santiago, Diego Gelmírez, en la Catedral de Compostela, a la tierna edad de seis años. 

El 8 de Marzo de 1126, falleció la reina Urraca en Saldaña (Palencia), y Alfonso recibió el trono castellano-leonés. Su primera acción fue la de recuperar varias poblaciones del reino como Burgos o Carrión de los Condes, que aún seguían bajo la ocupación de su padrastro el batallador. Tras la muerte del obstinado Alfonso I -el 7 de Septiembre de 1134-, el rey castellano vio la oportunidad de hacerse con el control de Aragón -en mayor o menor medida era legítimo heredero-, y se encaminó hacia allí con su ejercito, llegando a tomar Zaragoza. 


Aunque tal objetivo no fue consumado, lo cierto es que Alfonso VII acrecentó tanto su poder sobre la mayoría de los territorios de la península, incluso más allá de los pirineos, que se hizo coronar Imperator Totius Hispaniae (Emperador de toda España) en la Catedral del León, a finales del mes de Mayo de 1135 (“E desý don Alfonso, rey de España, tornóse para León e púsose corona de enperador“. Crónica de Castilla). 

A partir de ese momento, el Emperador Alfonso se centró en luchar contra los musulmanes, consiguiendo vencer en importantes emplazamientos como Coria, Córdoba, Baeza o la estratégica fortaleza de Calatrava -en su defensa surgió la Orden de Calatrava al ser abandonada por los Templarios (1158)-, destacando, especialmente, la conquista de la ciudad de Almería, en 1147. 

Para ello, Alfonso VII contó, entre otros, con la ayuda de la flota de Pisa y Génova, que encontraban en los piratas almerienses un problema para el comercio en el Mediterráneo. En 1157, ante la fuerte presión almohade, las fuerzas cristianas perdieron Almería, y, en su retirada hacia Toledo, el 21 de Agosto de ese mismo año, Alfonso el Emperador pasó a mejor vida, en un lugar al que llamaban “La Fresneda”, cerca del Puerto del Muradal (“E passó el puerto del Muradal e llegó a vn lugar que llaman las Feynedas. E ferióle ý el mal de la muerte, e morió ý so vna enzina.”. Crónica de Castilla), a causa de un tremendo cansancio y, seguramente, de alguna enfermedad. Existen otras crónicas e interpretaciones que difieren en la situación exacta del emplazamiento donde murió el rey.

Alfonso VII dividió el reino entre sus dos hijos, dejando Castilla para Sancho III y León para Fernando II.
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