La muerte del último rey godo

La muerte de Don Rodrigo, “último” rey godo, continua siendo un misterio. 

El desenlace de la Batalla de Guadalete (711) supuso el comienzo del dominio musulmán en la península ibérica - extinguiéndose casi ochocientos años después con la entrega de Granada a los Reyes Católicos- y el final del intenso y cruento reino visigodo de Toledo, que perdió a su monarca, Don Rodrigo (o Roderico), en tal devastador combate. 


La suerte última del rey visigodo está rodeada de leyenda y misterio, ya que sólo se encontró su armadura, su corona y su caballo en la orilla del río Guadalete, llegándose a la conclusión de que murió ahogado al caer al agua; aunque también se piensa que pereció en manos de Tariq ibn Ziyad, gobernador de Tánger y general de las huestes moras, durante la refriega. Otra versión dice que Rodrigo huyó malherido, y se refugió en Calañas (Huelva), donde la ermita de la Virgen de España señalaría el lugar de su muerte; o, también, que Muza, señor de las tierras del norte de África, le alcanzó en la sierra de la Peña de Francia, rematándole, y, por eso, Ciudad Rodrigo lleva su nombre. 

Además, se contempla la posibilidad de que su destino fuera Viseo (Portugal), puesto que en la Crónica de Alfonso III se relata que durante la repoblación de la localidad lusitana apareció una lápida con la inscripción: “Hic requiescit Rudericus ultimus rex Gothorum” (Aquí yace Rodrigo último rey de los godos). Adentrándonos más en la leyenda, una historia cuenta que Don Rodrigo vagaba por los montes cuando fue acogido por un ermitaño, el cual le ayudó a purgar la culpa de haber entregado Hispania a los musulmanes, introduciéndole, como penitencia, en una tumba con una serpiente. Finalmente, su alma fue salvada y subió al cielo.
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