El Papa Luna y el origen de la expresión "Mantenerse en su trece"

Se dice que alguien “se mantiene en sus trece” cuando muestra una obstinada e inquebrantable posición sobre un tema o asunto determinado, no dando nunca su brazo a torcer, mostrando una tremenda terquedad y testarudez, ambos adjetivos, por cierto, relacionados -utilizando siempre el tópico- asiduamente al carácter aragonés. Pues, quien mejor que un zaragozano, de Illueca exactamente, como el papa -o antipapa- Benedicto XIII, comúnmente conocido como el papa Luna, para atribuirle el origen de la expresión “mantenerse en sus trece”. Aunque existen otras teorías sobre el nacimiento de este dicho, como un juego de naipes medieval o los juicios de judíos por el Santo Oficio, la opción que más se contempla -sea cierta o no es la aceptada mayoritariamente- es la que tiene como protagonista a nuestro papa Pedro Martínez de Luna y Pérez de Gotor (1328-1424), un inteligente y enérgico noble aragonés, doctor en leyes por la Universidad de Montpellier, cardenal desde 1375, que fue elegido sucesor de Clemente VII en la Silla de Pedro, en un tiempo en que el Cisma de Occidente estaba presente y cohabitaban dos papas: Urbano VI en Roma y el finado Clemente VII en Aviñón. Don Pedro de Luna -ya Benedicto XIII-, que primeramente abogaba por encontrar una solución diplomática al Gran Cisma, y que recibió veinte de los veintiún votos del cónclave para ello, enseguida sintió el poder en sus manos y se aferró al cargo, perdiendo la gran mayoría de sus apoyos, incluyendo a Francia, que llegó a enviar a un ejercito para asaltar Aviñón y capturarle. Benedicto XIII se salvó in extremis gracias a la intervención de la Corona de Aragón. Nuestro papa, un tipo muy listo, logró recuperar la confianza de Francia, aunque no le sirvió de mucho; su suerte estaba echada. 


En 1414, mediante el Concilio de Contanza, el emperador Segismundo decide acabar con el cisma de la iglesia y obliga a renunciar a los ¡tres papas! que en ese momento había y elegir a un nuevo pontífice por consenso, siendo, finalmente, Martín V entronizado en 1417. El cisma había acabado.
Pero, ¿qué pasó con nuestro papa Luna?

Benedicto XIII se “mantuvo en sus trece” y nunca dimitió como el representante de Dios en la tierra, sintiéndose y refiriéndose a sí mismo como el papa verdadero. Sin ningún tipo de poder e influencia sobre casi nadie, se retiró al castillo templario de Peñíscola, donde pasó los últimos días de su vida con más pena que gloria. Don Pedro de Luna se extinguió cumpliendo los noventa y seis años, manteniéndose en sus trece como Benedicto XIII.
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